sábado, 5 de julio de 2008

poracacerquita




Dos cuadras para allá, otra a la derecha, cruzas el puente bajas por la misma bien derechito, y ahí esta. Lo que más me gusta de rosario, el Paraná, entre nosotros, mi Paraná. Me lo apropie cuando era muy chica, cuando en unas vacaciones tenia que contar a los demás chicos donde vivía, y como era mi ciudad, y yo la describí así: con un río anchísimo y marrón. Y quizás ahí, con la distancia, y hablando de él me di cuenta como lo quiero, y entonces decidí que el Paraná es mío, y que lo iba a querer para siempre.
Igual no soy posesiva, puedo compartirlo tranquilamente y me encanta, pero de todas maneras en el fondo se que es mío.
Por eso empecé mostrándolo desde el medio, desde su canal, y después a Remanso Valerio, uno de los hijos del río, barrio de pescadores, e inspirador de historias y canciones, es por estas cosas que amo al Paraná.
Camino, a su costado, por la ciudad lo rodeo, y me alejo, pero siempre lo busco, desde donde este, solo por instinto, lo busco para guiarme, para saber donde estoy parada, para encontrar el este, como me enseñaron en la primaria.
El siempre esta presente, en el parque, en el monumento, a la derecha del Boulevard Rondeu, en los galpones. Siempre esta ahí, transmitiendo tranquilidad, quietud, pero sobre todo libertad. El río tiene eso, te hace “flashear” que no hay limites, que todo es alcanzable. Amo mi río Paraná.

Oracion del remanso (jorge fandermole)
Soy de la orilla brava del agua turbia y la correntada
que baja hermosa por su barrosa profundidad;
soy un paisano serio, soy gente del remanso Valerio
que es donde el cielo remonta el vuelo en el Paraná.
Tengo el color del río y su misma voz en mi canto sigo,
el agua mansa y su suave danza en el corazón;
pero a veces oscura va turbulenta en la ciega hondura
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.
Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.
No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa más que en morir;
agua del río viejo llévate pronto este canto lejos
que está aclarando y vamos pescando para vivir.
Llevo mi sombra alerta sobre la escama del agua abierta
y en el reposo vertiginoso del espinel
sueño que alzo la proa y subo a la luna en la canoa
y allí descanso hecha un remanso mi propia piel.
Calma de mis dolores, ay, Cristo de los pescadores,
dile a mi amada que está apenada esperándome
que ando pensando en ella mientras voy vadeando las estrellas,
que el río está bravo y estoy cansado para volver.
Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.